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Por qué y cómo preservar nuestros archivos: desafíos y buenas prácticas a adoptar

Un daño por agua en un local técnico, una migración de servidor mal preparada, un disco duro que falla sin previo aviso: se pierde…

Archiviste femme manipulant avec soin un document ancien dans une salle d'archives professionnelle

Un daño por agua en un local técnico, una migración de servidor mal preparada, un disco duro que falla sin previo aviso: rara vez se pierden archivos por negligencia voluntaria. La desaparición ocurre casi siempre en el momento en que nadie la anticipa. Preservar nuestros archivos, ya sean en papel o digitales, se basa en gestos concretos y decisiones técnicas que se toman mucho antes de la catástrofe.

Valor probatorio de los archivos digitales: lo que el almacenamiento en la nube no garantiza

Depositar un contrato firmado en una carpeta de Google Drive o OneDrive no le confiere ningún valor jurídico particular. La confusión es frecuente, y cuesta caro en caso de litigio.

El artículo 1366 del Código Civil y la norma NF Z 42-013 establecen tres condiciones para que un documento digital sea oponible: identificación del autor, integridad del archivo y condiciones de conservación trazables. Un simple espacio en la nube, incluso protegido por contraseña, no cumple con estos criterios porque no prueba ni la marca de tiempo fiable ni la ausencia de modificación desde el depósito.

Concretamente, se distingue el almacenamiento (hacer un archivo accesible) del archivo con valor probatorio (garantizar que no ha sido alterado). Para una empresa, los profesionales especializados en la gestión y conservación documental acompañan esta transición, como se puede observar en https://www.lesarchivistes.net donde se presentan las profesiones de archivo en su dimensión operativa.

Un sistema de archivo electrónico conforme genera una huella digital en cada depósito, registra los accesos y evita cualquier modificación silenciosa. Sin este dispositivo, un documento digital sigue siendo un archivo más, no una prueba.

Técnico digitalizando fotografías antiguas en un escáner plano en un taller de conservación

Ciberseguridad y conservación: el versionado como red de seguridad

Desde la multiplicación de ataques de ransomware, archivo y seguridad informática no pueden tratarse por separado. Un cifrado malicioso que afecta al servidor de archivos también destruye los archivos si están almacenados en el mismo lugar, dentro del mismo perímetro de red.

El versionado automático constituye una solución concreta. El principio: cada modificación de un documento crea una copia con marca de tiempo de la versión anterior. Si un archivo es cifrado o corrompido, se restaura la versión anterior más reciente.

Las recomendaciones actuales sugieren una retención de al menos 30 días para documentos corrientes, y idealmente 90 días para documentos críticos (contratos, documentos contables, expedientes de personal). Las opiniones varían sobre este punto según el tamaño de la organización y el volumen de datos, pero el principio sigue siendo el mismo: sin un historial de versiones conservado fuera del perímetro principal, un ataque puede hacer que años de archivos sean irrecuperables.

Tres medidas a implementar sin esperar

  • Activar el versionado en el sistema de gestión documental con una duración de retención adecuada a las obligaciones legales de conservación
  • Aislar las copias de seguridad de archivos en una red o soporte físicamente distinto del sistema de producción (principio de air gap o segmentación de red)
  • Probar la restauración al menos una vez por semestre, porque una copia de seguridad nunca verificada no vale nada el día que se necesita

Reversibilidad del proveedor de archivo: la trampa de la dependencia

Cuando se confían los archivos a un proveedor externo (editor de software, archivador externo, proveedor de alojamiento especializado), rara vez se piensa en el momento en que habrá que cambiarlo. La cuestión de la reversibilidad se plantea desde la firma del contrato, no en el momento de la ruptura.

Un contrato de archivo digital debe precisar varios puntos que a menudo se pasan por alto:

  • Los formatos de exportación disponibles: los archivos deben poder recuperarse en un formato abierto y documentado, no en un formato propietario legible únicamente por el software del proveedor
  • Las metadatos recuperables: un archivo sin sus metadatos (fecha de depósito, autor, clasificación) pierde gran parte de su utilidad archivística
  • Los plazos de restitución y los costos de salida: algunos proveedores cobran por la recuperación de datos o imponen plazos que hacen que la migración sea impracticable en caso de urgencia

Sin una cláusula de reversibilidad clara, uno se encuentra cautivo de un sistema. Y si el proveedor cesa su actividad o modifica sus tarifas, los archivos se vuelven inaccesibles o su recuperación cuesta más que su reconstrucción.

Dos archivistas examinando juntos grandes mapas históricos sobre una mesa de examen en un depósito de archivos universitarios

Clasificación y duración de conservación: organizar antes de almacenar

No se puede guardar todo indefinidamente, y tampoco se debe destruir demasiado rápido. La duración de utilidad administrativa (DUA) fija, para cada tipo de documento, el tiempo durante el cual debe permanecer accesible. Un recibo de sueldo, una factura de proveedor y un permiso de construcción no tienen la misma DUA.

La tabla de gestión es la herramienta central de esta organización. Lista cada categoría de documento, su duración de conservación obligatoria y el destino final (destrucción, depósito en archivos definitivos, selección). Sin esta tabla, la clasificación se basa en la memoria individual, lo que no resiste ni una jubilación ni una reorganización del servicio.

Digitalización y formato perdurable

Digitalizar archivos en papel no sirve de nada si el formato elegido se vuelve ilegible en diez años. Los formatos abiertos y normalizados (PDF/A para documentos textuales, TIFF para imágenes) ofrecen mejores garantías de legibilidad a largo plazo que los formatos propietarios. El desafío no es solo escanear, sino producir un archivo digital que siga siendo utilizable sin depender de un software específico.

La digitalización también implica documentar el proceso: resolución utilizada, fecha de digitalización, correspondencia con el documento en papel original. Esta trazabilidad refuerza la inteligibilidad y la autenticidad del archivo digital, dos criterios sobre los que se basa su valor a largo plazo.

Preservar archivos, ya sea en una caja o en un servidor, se basa en decisiones tomadas de antemano: el formato correcto, el contrato adecuado, el nivel de seguridad apropiado. La pérdida de archivos siempre cuesta más que su organización, y esta organización comienza con una tabla de gestión actualizada y un sistema de conservación del que se dominan las condiciones de salida.

Por qué y cómo preservar nuestros archivos: desafíos y buenas prácticas a adoptar